Flores para mal de amores / Guadalupe Padilla de Ortiz Monasterio


VINO A LA ROSA

1/4 taza de agua de rosa
6 tazas de vino blanco
6 pétalos de rosas frescos

Mezcle los ingredientes. Embotelle y deje reposar por 3 0 4 días. Sirva en copas de vino blanco con un pétalo dentro.


SUSPIRO DE VIOLETA

500 gramos de tomate chonto
4 cucharadas de gelatina sin sabor
2 cucharadas de flores de cebolla y de azahar
4 tazas de caldo de pollo
El jugo de 1 limón
Vinagre balsámico
Sal y pimienta al gusto

Licúe y cuele el tomate, revuelva con algunas gostas de vinagre, el jugo de limón, la sal, la pimienta y la gelatina sin sabor disuelta en el caldo de pollo. Vierta esta mezcla en un molde, agregue las flores y lleve a la nevera hasta que cuaje. Al servir, adorne con hojas y flores de azahar.
INTRIGAS DE TULIPANES

4 tazas de arvejas cocidas y en puré
4 cucharadas de crema de leche
4 cucharadas de mantequilla
4 huevos
1/2 taza de pétalos de flor de tulipanes
sal y pimienta al gusto

Coloque el puré en un recipiente hondo. Agregue la crema de leche y la mantequilla. Revuelva bien. Bata los huevos, mézclelos con las arvejas y sazone con sal y pimienta. Añada los pétalos de tulipán. engrase una refractaria y ponga en ella la preparación. Hornee al baño de maría a 350º durante 15 minutos.

ASTROMELIAS LATENTES

2 pechugas de pollo
2 cucharadas de aceite
2 dientes de ajo
200 gramos de crema de leche
100 gramos de nueces
2 tazas de flores de astromelia
1/4 de taza de yogur
1 pizca de sal
1 pizca de azucar

Sazone las pechugas con el ajo y sal. Fríalas hasta que queden de un dorado suave. Aparte prepare la nogada licuando la crema de leche con 1 1/2 taza de flores de astromelia, el yogur y las nueces. Agregue una pizaca de sal y otra de azúcar. Al servirlas bañe las pechugas con la nogada y decórelas con flores y hojas de astromelia. Puede servirlas frías o calientes.



Recetas tomadas del libro Flores para mal de amores y otras delicias gastronómicas. Guadalupe Padilla de Ortiz Monasterio. Bogotá: Fondo de Cultura Económica, colección tezontle. 2004 
Licencia de Creative Commons

Jardines de Colombia - Villegas editores


A diferencia de las obras de la arquitectura, de la escultura, de la pintura, que son manifestaciones inherentes al espíritu creador que las anima, el arte de los jardínes produce obras vivientes. Como tal, el jardín debe considerarse como la obra de arte suprema, y, de hecho, asi ha sido en los grandes siglos de todas las culturas. La casa o el palacio es un habitáculo, a veces modesto, otras suntuoso, decorado en ocasiones con obras pictóricas o escultóricas, pero es el jardín el que, a grande o a pequeña escala, incorpora la limitada obra del hombre a la suprema obra de la naturaleza. ¿Qué sería de Versalles sin sus jardines y sus perspectivas? ¿Cómo sería la campiña inglesa si no hubiese mediado la intervención de los paisajistas del siglo XVIII? ¿Quién puede concebir nuestras casas, rurales o urbanas, sin sus patios o sus solares? ¿O la Villa Imperial Katsura sin sus estanques, o la Alhambra sin el patio de los Arrayanes ni los jardínes del Partal? por eso un pueblo que no aprecie y valore sus jardines tendrá siempre un vacío en e alma que nada podrá llenar.
Colombia, por su geografía abrupta, no es un país. Son muchos países: el caribe, el antioqueño, el santanderaneo, el cundiboyacense, el vallecaucano, el llanero, entre otros. También existen, superpuestos a los anteriores, el país pobre y el país rico.
Entre ellos hay diferencias de todo tipo: diferencias climáticas y microclimáticas, y, por consiguiente, marcadas diferencias florísticas; diferencias en la idiosincracia de las gentes, diferencias culturales, pero existe un factor común a todos: el amor por las plantas, por la maceta florida, por la humilde clavellina o el sobrebio ciprés. Por ello, y en ausencia de verdaderos profesionales en el diseño paisajístico hasta haace algunos años, cada hacendado, cada ama de casa, cada modesto campesino ha oficiado tradicionalmente como diseñador y ejecutor de su propio jardín, siguiendo únicamente la pauta que le imponen su gusto personal y sus limitaciones culturales y económicas. el resultado de ese proceso está a la vista en las páginas de este libro. Desde jardínes suntuosos hasta exiguos rincones floridos, con plantas nativas o exóticas de la más variada procedencia, en los que reina, casi sin excepción, un ingenuo y delicioso eclecticismo.
Todo es válido en nuestros jardines en tanto contribuya a la satisfacción y bienestar de sus orgullosos propietarios. La única norma es la ausencia de normas... (Alfonso Robledo Anzola)
Fragmento extraído de la solapa de Jardines de Colombia, Villegas Editores, 1996.






fotografías sujetas a derechos de autor, tomadas de la página oficial de la editorial Villegas

Las flores como símbolos eróticos en la obra de Jorge Isaacs

Por: Valerie Masson de Gómez
Saint Mary´s College of California
Moraga, California


El intercambio de flores como emblemas de amor es uno de los ―ritos de fetichismo amoroso característicos de la novela sentimental, y en María (1867), del colombiano Jorge Isaacs, los protagonistas Efraín y María otorgan esta función simbólica a la rosa y a la azucena silvestre. En su estudio de esta novela Donald McGrady sugiere que, aparte del significado explícito conferido en dicha obra a la rosa y a la azucena.

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