Jardines de Colombia - Villegas editores


A diferencia de las obras de la arquitectura, de la escultura, de la pintura, que son manifestaciones inherentes al espíritu creador que las anima, el arte de los jardínes produce obras vivientes. Como tal, el jardín debe considerarse como la obra de arte suprema, y, de hecho, asi ha sido en los grandes siglos de todas las culturas. La casa o el palacio es un habitáculo, a veces modesto, otras suntuoso, decorado en ocasiones con obras pictóricas o escultóricas, pero es el jardín el que, a grande o a pequeña escala, incorpora la limitada obra del hombre a la suprema obra de la naturaleza. ¿Qué sería de Versalles sin sus jardines y sus perspectivas? ¿Cómo sería la campiña inglesa si no hubiese mediado la intervención de los paisajistas del siglo XVIII? ¿Quién puede concebir nuestras casas, rurales o urbanas, sin sus patios o sus solares? ¿O la Villa Imperial Katsura sin sus estanques, o la Alhambra sin el patio de los Arrayanes ni los jardínes del Partal? por eso un pueblo que no aprecie y valore sus jardines tendrá siempre un vacío en e alma que nada podrá llenar.

Colombia, por su geografía abrupta, no es un país. Son muchos países: el caribe, el antioqueño, el santanderaneo, el cundiboyacense, el vallecaucano, el llanero, entre otros. También existen, superpuestos a los anteriores, el país pobre y el país rico.
Entre ellos hay diferencias de todo tipo: diferencias climáticas y microclimáticas, y, por consiguiente, marcadas diferencias florísticas; diferencias en la idiosincracia de las gentes, diferencias culturales, pero existe un factor común a todos: el amor por las plantas, por la maceta florida, por la humilde clavellina o el sobrebio ciprés. Por ello, y en ausencia de verdaderos profesionales en el diseño paisajístico hasta haace algunos años, cada hacendado, cada ama de casa, cada modesto campesino ha oficiado tradicionalmente como diseñador y ejecutor de su propio jardín, siguiendo únicamente la pauta que le imponen su gusto personal y sus limitaciones culturales y económicas. el resultado de ese proceso está a la vista en las páginas de este libro. Desde jardínes suntuosos hasta exiguos rincones floridos, con plantas nativas o exóticas de la más variada procedencia, en los que reina, casi sin excepción, un ingenuo y delicioso eclecticismo.
Todo es válido en nuestros jardines en tanto contribuya a la satisfacción y bienestar de sus orgullosos propietarios. La única norma es la ausencia de normas... (Alfonso Robledo Anzola)
Fragmento extraído de la solapa de Jardines de Colombia, Villegas Editores, 1996.






fotografías sujetas a derechos de autor, tomadas de la página oficial de la editorial Villegas

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