El Perfume, flores de un asesino


Las flores en la literatura generalmente, sugieren metáforas, símiles, descripciones etc… su persistencia ya sea por la belleza, aroma o intimidad que exhalan, son constantes en las diferentes manifestaciones del arte.
Extraemos de las obras literarias su esencia (el perfume) como recurso de evocación o de belleza; veamos como se asoman en El Perfume Historia de un asesino, del escritor alemán Patrick Süskind.
  • En aquel momento, sin embargo, a causa del calor y el hedor, que ella no percibía como tales, sino como algo insoportable y enervante –como un campo de lirios o un reducido aposento demasiado lleno de narcisos(9)
  • ¿Acaso no escribió Horacio: “Está en celo el adolescente y exhala la doncella la fragancia de un narciso blanco en flor…”? (17-18)
  • A través de las verjas de entrada olía a piel de carruaje y al polvo de las pelucas de los lacayos y desde el jardín flotaba por encima de los altos muros el perfume de la retama y de las rosas y la alheña recién cortada. También fue aquí donde Grenouille olió por primera vez perfume en el verdadero sentido de la palabra: sencillas aguas de espliego y de rosas con que se llenaban en ocasiones festivas los surtidores de los jardines, pero asimismo perfumes más valiosos y complejos como tintura de almizcle mezclada con esencia de neroli y nardo, junquillo, jazmín o canela, que por la noche emanaba de los carruajes como una pesada estela. (34)
  • Muchas de estas materias primas ya las conocía de los puestos de flores y especias del mercado; otras eran nuevas para él y procedió a separarlas de las mezclas para conservarlas, sin nombre, en la memoria: ámbar, algalia, pachulí, madera de sándalo, bergamota, vetiver, opopónaco, tintura de benjuí, flor de lúpulo, castóreo… (35)
  • Y mientras tanto, en medio de un ruido ensordecedor, estallaban petardos y por el empedrado saltaban los buscapiés y centenares de cohetes se elevaban hacia el cielo, pintando lirios blancos en el firmamento negro. (36)
  • Esta fragancia tenía frescura, pero no la frescura de las limas o las naranjas amargas, no la de la mirra o la menta o los abedules o el alcanfor o las aguas de pino, no la de la lluvia de mayo o el viento helado o el agua del manantial… y era a la vez cálida, pero no como la bergamota, el ciprés o el almizcle, no como el jazmín o el narciso, no como el palo de rosa o el lirio… (37)
  • Su sudor era tan fresco como la brisa marina, el sebo de sus cabellos, tan dulce como el aceite de nuez, su sexo olía como un ramo de nenúfares, su piel como la flor de albaricoque… (39)
  • Se debía dominar la lengua latina y saber cuándo se cosecha el heliotropo y cuándo florece el pelargonio y que la flor del jazmín pierde su aroma a la salida del sol. (50)
  • Los almendros y el albaricoque estaban en flor y en el aire templado flotaba el perfume de los narcisos.(147)
  • Grenouille distinguióla magnolia, el jacinto, el torvisco, y el rododendro… pero en este jardín parecía haber otra cosa, algo definitivamente bueno, una fragancia más exquisita que ninguna de las que había olfateado en su vida… tenía que aproximarse a ella. (150)
  • En abril maceraron retama y azahar; en mayo, un mar de rosas cuya fragancia sumergió a la ciudad durante todo un mes en una niebla invisible, dulce como la crema. (158)
  • A finales de Junio empezó el tiempo de los jazmines; en agosto el de los nardos. El perfume de ambas flores era tan exquisito y a la vez tan frágil, que no solo tenían que cogerse los capullos antes de la salida del sol, sino que requerían una elaboración muy especial y delicada. (159)
  • El año comenzó con el torrente amarillo de las casias, con jacintos, violetas y los narcóticos narcisos.
Todas las citas son tomadas del libro El Perfume, editorial RBA : Barcelona, 1993.
Fotografía  Marcefabi

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